Luneiro-san
Sin embargo, más allá de todo lo que pueden desear, lo que a mí más me interesaba era el Señor Miyagi: el anciano te enseñaba a golpear, te regalaba carros y todavía te hacía ganar campeonatos regionales de Karate a pesar de que eras un pobre diablo escualido. Mi meta, después de haberla visto, era meterme a una escuela de Karate (de preferencia ser el único alumno, y también de preferencia que en vez de una escuela de Karate, fuera un viejo místico con ojos rasgados que me hiciera encerar coches y hablara con metaforas cuando bebiera), que alguien me agarrara a golpes (de preferencia enfrente de sus demás compañeros y que me molestaran enfrente de la chica que quería) y después que en plena competencia de Karate, uno de su grupo me rompiera una pierna y que me doliera muchísimo, para que al final yo con una patada le ganara y todos estuvieran orgullosos de mí. Durante todo 1986 (es que la vi tarde) ese fue mi sueño.
Para iniciar mi camino soñado le pedí a mi paciente madre que me metiera a clases de Karate. Era un dojo (jaja, "dojo") que quedaba lejos de la casa (en ese entonces, yo vivía en Puebla*) así que ir allá era una travesía, sobre todo en una ciudad tan pequeña como lo era Puebla entonces. Para no desaprovechar, me metieron con mi hermano (7 años mayor que yo) a esas clases. Mi primera desilusión fue cuando encontré que en vez del Señor Miyagi, mi sensei (que en jerga karateka significa maestro) era el mismo maestro (que en términos karatekas sería sensei) que me daba clases de natación. Al ser todos menores de 10 años, nos ponían a entrenarnos juntos, así que a veces me tocaba "aprender" con mi hermano. Las golpizas que me daba eran solo comparables con mis ganas de tener un pretexto para utilizar mis conocimientos en artes marciales con un grupo de malvivientes en un callejón.
Para completar mi entrenamiento, me ponía a lavar el coche de mis padres 3 veces al día, "encerando y secando". Además, rompí un trozo de ropa para hacer mi propia bandana (y sí, le pinté un punto rojo y lineas, que hasta 20 años después, entendí que era la bandera japonesa) y me quedaba en mi cuarto en posición de Flor de Loto esperando que me llegara la capacidad para destrozar a mis enemigos.
Un mes después o dos, empecé a utilizar mis habilidades karatekas en la escuela. Antes de iniciar una pelea, les advertía a mis enemigos del daño que podría causarles, y después de un fiero grito de batalla dejaba recaer todos mis días de entrenamiento con el Sr. Miyagi región 4 sobre aquel osado que se me enfrentara. Mis días en las artes marciales acabaron cuando un osado que me retó a un duelo de artes marciales acabó con un dedo roto, y mis padres pensaron que mis poderes y conocimientos sobre artes marciales eran demasiados como para seguirlos en un ambiente tan poco comprensivo. Carajo, me di cuenta que soy masculino desde niño.
Yo ruleo.
Así que cuidado con que me hagas enojar.
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* Nota de mí: No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero desde los 2 años viví fuera de mi estado natal (es decir, Sinaloa). Viví en 26 estados antes de los 10 años. Así de fregón era desde niño
Yo ruleo.
Así que cuidado con que me hagas enojar.
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* Nota de mí: No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero desde los 2 años viví fuera de mi estado natal (es decir, Sinaloa). Viví en 26 estados antes de los 10 años. Así de fregón era desde niño
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